13
2011
La llegada de un amigo
Desde pequeña, en el seno de mi familia primordial, me han enseñado el cuidado de los animales. Solíamos tener perros, gatos, hámsteres… y hasta un loro. He experimentado toda mi vida la convivencia con estos seres maravillosos.
Al momento de iniciar junto con mi esposo nuestro propio hogar, era de esperarse que eligiera una vez más, tener una familia conformada en gran parte por quienes considero los seres más hermosos y perfectos del mundo, los perros. Sin embargo, solo uno de ellos llegó a nuestra vida por elección. Una labradora color chocolate que nos enamoró con su dulzura al primer instante. Nos adoptó como sus padres, pues era fácil observar en ella la forma en que buscaba que nosotros le propendiéramos cuidados y cariño. Se arrullaba en nuestros brazos y echaba a dormir, lloraba en nuestra ausencia y se desarmaba en festejos cada vez que volvíamos a vernos, traía sus juguetes a nuestros pies para compartir un rato de juego… En fin, nuestra primera hija del corazón nos enseñó a mirar la necesidad de afecto que habita en todos los seres, a ser más complacientes y amables, y a saber dejar a un lado las responsabilidades y preocupaciones, para dedicarnos un rato a jugar, tan sólo a disfrutar… y experimentar esa profunda y armoniosa sensación que sólo brindan la calidez de un hogar y el amor de una familia. De más está decir que esto dio paso a la creación de un vínculo inexplicable, inquebrantable, lleno de fuerza y de sentimiento, al punto que, en ocasión de un viaje, la llevábamos con nosotros. Hemos viajado a muchos lados los tres juntos, con tal de no estar separados ni una sola noche.
Más tarde llegaron dos mestizas, hermanas, color negro azabache. Habían sido abandonadas en un lugar inhóspito, donde no tenían siquiera la posibilidad de alimentarse por sus propios medios. La inanición estaba a punto de cobrar sus vidas, según lo expresado por el médico veterinario que hubo de atenderlas. De ellas aprendimos el esfuerzo desmedido que solo un corazón puro y noble, hace por agradecer. Y obviamente, de qué forma una experiencia traumática puede marcar a fuego, ya que cada situación desconocida les provocaba miedo y ansiedad. De todas formas, y a pesar de haber sufrido el abandono y la traición de sus anteriores cuidadores, prevalece en su ser el amor a las personas… Cada vez que uno agacha para hacerles una caricia, funden su pequeña cabecita en el centro de nuestro pecho, tocando nuestro corazón, literalmente.
Al poco tiempo apareció en la puerta de nuestra casa otra mestiza de pelaje y ojos tristes, color miel, y un corazón tan dulce como la misma miel. Tenía poco más de cuatro meses, pero su estado mostraba que ya había pasado por unas cuantas experiencias desagradables. También fue atendida y recuperada. El brillo reapareció en sus ojos tan pronto como recibió cariño y cuidados, y nos enseñó que es mejor olvidar, dejar atrás el pasado, y vivir el presente agradeciendo este regalo único de la vida. Hemos aprendido de su forma de vivir, desinteresada y feliz.
Por último, y en este apartado debo mencionar que nos ha causado tanta felicidad como dolores de cabeza, llegó a nuestra vida un perro macho viszla, eterno cachorrón. Tenía alrededor de un año y medio, y varios signos de haber sido maltratado. Pronto recuperó la confianza en las personas, ama correr y jugar. Su energía casi inagotable fue más fuerte que una puerta, varios colchones, juguetes, lentes de sol… en fin, ha roto todo cuanto pasó por su lado. En el afán de disuadirlo de su mal comportamiento, y de enseñarle a comportarse dentro del hogar, ha recibido varios retos. De él aprendimos a dejar el orgullo a un lado, y a saber pedir perdón, pues ha puesto esa misma energía que lo caracteriza en ofrecer una disculpa, manteniendo sus ojos fijos en los nuestros y lamiendo nuestras manos, esbozando un cuasi llanto y una mirada de súplica… que logró conmovernos hasta lo más profundo de nuestro ser. Ha encontrado la manera de entrar en nuestro corazón.
Resulta asombroso observar de cuantos modos distintos los perros pueden enseñarnos tantas cosas, son sabios por naturaleza. Así como las personas definen, llegada cierta edad, su personalidad, los perros también definen una suerte de identidad, características que les son propias a cada uno, únicas e irrepetibles.
Creo poderosamente que todos los seres tenemos una misión en esta vida. Elijo creer en la causalidad, más que en la casualidad… La llegada los perros, de éstos grandes amigos y compañeros a nuestra vida tiene un motivo, probablemente sea éste, el que adoramos descubrir día a día. El aprender de ellos, el disfrutar con ellos.
Estos perros han llegado a nuestras vidas, y nosotros a las de ellos, con el único y sublime cometido que el universo ha propuesto para nuestras existencias, el compartir y el amarnos mutuamente.
Autora: Fide.

Autor


[...] La llegada de un amigo perrosymascotas.net/la-llegada-de-un-amigo/ por econsorte hace 2 segundos [...]